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Visiones Alternativas

Si en Argentina no tienes esperanza, desapareces

por Núria Navarro   /   publicado en El Periódico

Beatriz Marega se quitó el delantal, salió de casa y unió fuerzas para mitigar el hambre en las calles. Es miembro de la Red Interbarrial de Mujeres, casada y madre de dos hijos.

La Red Interbarrial de Mujeres surgió en Argentina de la unión de amas de casa. Era una respuesta desesperada a la evidencia de que los niños se desmayaban en las escuelas por malnutrición. Beatriz Marega, de Santa Fe, es una de esas heroínas anónimas que colgó el delantal para apuntalar estómagos y almas.

Es un ama de casa.
Sí. Soy una mujer de barrio casada con un camionero desocupado. Hasta hace cuatro o cinco años mi única preocupación era ponerle un plato de comida a mi marido y a mis hijos. Sólo veía mis propios problemas. Pero aprendí a ver...

¿Qué ve ahora?
¡Tantas cosas! Niños que se desmayan en las escuelas por desnutrición, chicos que chupan ladrillos para matar el hambre, funcionarios que niegan subsidios y alimentos a amas de casa que rechazan acostarse con ellos, mujeres que aguantan varios días sólo a base de mate, mucha violencia doméstica...

Situaciones límite.
Sí. Los colegios han acabado por no dar clase, para funcionar como comedores. Pero el grado de corrupción es tal que el dinero para los comedores tampoco llega. Hay mujeres con 10 hijos que viven en una sola habitación. Llevamos mucho, mucho tiempo así...

Desde el 19 de diciembre.
¡Nooo! El 19 de diciembre fue el momento en que la clase media argentina empezó a protestar porque le tocaban sus ahorros. Pero los pobres llevábamos años sin que nunca nadie nos escuchara. Al contrario, esa misma clase media que hoy golpea cacerolas decía que sólo pretendíamos hacer lío. Ahora les tocó a ellos salir a la calle...

También ellos saquean supermercados.
La desesperación te lleva a eso. Pero, créame, las mujeres sólo se llevan comida. Ahora se plantan 50 o 100 mujeres delante de la puerta del súper y golpean las manos, y el dueño sale a repartir lo que puede. Lo prefiere antes que un saqueo incontrolado.

¿Cómo se organizan las mujeres?
La Red Interbarrial organiza asambleas en las plazas. Todas las mujeres somos iguales. Todas peleamos por los mismos derechos. Unas hacen pan, otras se ocupan de la huerta, otras fabrican zapatitos. Sólo con la unión de las mujeres se puede sobrevivir a la situación.

¿Y los hombres?
Ante la ausencia de todo, el hombre se deprime y la mujer busca. Si hay que conseguir comida, se la inventa. Nosotras logramos, por ejemplo, que el Gobierno pague a las mujeres 40 dólares. Es poco (una bombona de gas cuesta 12 dólares), pero es algo. También organizamos ollas populares para los chicos...

Qué difícil hablarles de futuro, ¿no?
Desgraciadamente se dan cuenta solos. Tengo una hija de 12 años que ya piensa en sacarse la carta de ciudadanía italiana --mi familia procede de Italia-- para irse del país. ¡Tiene 12 años y sabe que no hay futuro!

Debe de ser duro para todos.
Para mí lo ha sido casi siempre. Fui una de las mayores de 14 hermanos de una familia del campo. Me tocó cuidarlos. Luego, con 23 años, cometí la torpeza de irme a la ciudad.

La miseria es ahí más densa.
Cierto. Nadie tiene con qué pagar el gas, el agua o la luz. La gente --yo incluida-- se engancha a los tendidos para abastecerse. En los hospitales no hay medicinas. Y si las hubiera, como hay desempleo, no hay seguro social. Hace poco una madre dio a luz a término y el bebé apenas pesaba 900 gramos. ¿Entiende?

Sí.
La gente ya no cree en nada ni en nadie. Sólo queda la esperanza. Si en Argentina las mujeres perdemos la esperanza, desaparecemos. Lo que te hace vivir cada día es comprender el drama de la otra. No podemos permitirnos el lujo de cansarnos. Nos planteamos entre todas qué hay que hacer. Y lo hacemos.

¿Un giro en el Gobierno mejoraría las cosas?
¡Nooo! ¡Nadie más cree en el Gobierno! ¡No tenemos Gobierno! Dejaron que se nos lo llevaran todo. Ya nadie cree más en nadie. Personalmente, si tuviera que ir a votar no iría. Los políticos ya no pueden salir a la calle. Están presos de la gente.

¿Presos de la gente?
Si un político o un funcionario se sienta a tomar un café, la gente se para frente a él y se pone a golpear las mesas para que se vaya. Nos tienen miedo. Ahora empezamos a exigir que sean ellos los que vengan a nosotros. Es así como logramos reabrir un dispensario.

Se ha quedado corto el tango.
La situación es tan grave que el tango, que es expresión de dolor, tendría hoy una letra larguísima.

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