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El sida y la obsesión por la abstinencia

por Gabriela Rodríguez   /   publicado en La Jornada

"¿Cómo se sentirá una persona cuando una relación sexual se termina? Las probables respuestas serán: rechazado, desilusionado y herido." Con estas elocuentes palabras se inicia el módulo 1 del Manual de educación sexual para adolescentes basada en la abstinencia, texto que edita recientemente el Instituto Municipal de la Mujer de León, Guanajuato. Mientras tanto, en plena Feria de León, donde los provincianos suelen dar rienda suelta a sus más bajas pasiones, la Secretaría de Educación organiza a los estudiantes de secundaria para asistir a una conferencia impartida por un egresado de la escuela de Altos Estudios del Opus Dei, en la cual aprenderán "a dirigir la energía sexual hacia el cerebro, tal como lo han demostrado Juan Pablo II y la madre Teresa de Calcuta, en lugar de andarla tirando en actos sexuales".

Se trata de una embestida más en contra de los derechos sexuales de los y las jóvenes de México, copia fiel del modelo educativo del Partido Republicano, elaborado en el país más rico y poderoso del mundo, donde líderes políticos enfocan sus principales preocupaciones en dos sentidos: ¿qué tipo de armas está construyendo Hussein? y ¿qué hacen con sus genitales los menores de edad de los diferentes países del mundo? Estas dos importantes interrogantes -una materialmente violenta y la otra simbólicamente represora- justifican hoy la guerra y la educación en contra de los derechos humanos.

Es clarísimo: esta educación debe llevarnos a rechazar los deseos, aprender a controlarlos y a desaparecerlos, de ser posible. El manual de León, Guanajuato, es un conjunto de módulos con ideas y ejercicios para concretar ese fin. El módulo 1 habla del comportamiento sexual responsable, definido como "poner en práctica el autocontrol sexual, no las supuestas relaciones sin riesgo". El módulo 2 trata de convencer de que las prácticas coitales son tan malas como ingerir alcohol y drogas: "Si una persona pierde a su pareja por no querer participar en un comportamiento arriesgado (se refiere a: drogas, alcohol, fumar o tener relaciones sexuales) entonces, en primer lugar, ese amigo no era un amigo de verdad".

El módulo 4 es un nuevo catecismo que resume todas las prohibiciones (léase pecados) y lo que se puede lograr con el "autocontrol". Estratégicamente recurre al lenguaje de las libertades individuales para cerrar toda opción sexual que no sea la abstinencia. Con el autocontrol eres libre: "... de un embarazo". Cuando lo que ocurre es lo contrario, pues quienes deciden abstenerse no están prevenidos con anticonceptivos el día que les gana el deseo. "Libre de tener que dar en adopción a un bebé." Como si fuera la única opción y no hubiera anticonceptivos, anticoncepción de emergencia y aborto, además de tenerlo y darlo en adopción. "Libre de los problemas físicos y emocionales asociados a un aborto." Aquí se desconocen los problemas físicos y emocionales asociados a tener un hijo no deseado y no se reconoce la posibilidad de acceder al aborto seguro (como en los países ricos). "Libre de enfermedades venéreas." Tampoco se reconoce la existencia del sexo protegido ni la eficacia preventiva del condón. "... de casarte antes de tiempo." Justamente en esto acaba la mayoría de los provincianos "abstinentes".

Esta es la tercera vez que se intenta aplicar en México el modelo estadunidense. La primera fue al comienzo del sexenio, cuando Ana Teresa Aranda, directora del DIF nacional, y Cristina Fox quisieron imponer a los adolescentes un programa de abstinencia sexual con el lema: Que no te dejen colgada. Este año el Instituto Mexicano de la Juventud eligió como receptoras de fondos a organizaciones fundamentalistas que basan sus programas en la abstinencia sexual: Unión Nacional de Padres de Familia (la cual la semana pasada volvió a insistir en eliminar la educación laica, como hizo en 1917, cuando se fundó con apoyo del clero católico), Comité Nacional Pro-Vida, Ancifem, entre otras ligadas a universidades privadas y escuelas confesionales.

La desacreditación de los jerarcas católicos tras los escándalos que suscitaron más de 5 mil denuncias de pederastia y abuso sexual en casi todos los países del mundo, así como la impopularidad de los mensajes de abstinencia sexual entre las nuevas generaciones son factores que están neutralizando los mensajes. Sin embargo, no podemos subestimar su fuerza, toda vez que confunden a los jóvenes negándoles el derecho a la información científica y haciéndolos vulnerables al rodearlos de ignorancia, lo cual acarrea graves riesgos en la salud pública a corto y mediano plazos.

Hoy sabemos por múltiples estudios experimentales y cuasi experimentales que la abstinencia sexual no es 100 por ciento eficaz para prevenir ni el embarazo ni el VIH/sida, sino todo lo contrario: su falla principal es el abandono de la abstinencia. Estudios de laboratorio demuestran una eficacia del condón que va de 95 a 98 por ciento, según la consistencia y uso adecuado del mismo. Estudios de impacto en zonas donde se ha promovido la abstinencia sexual hasta el matrimonio y no se ha informado sobre sexo protegido muestran las más altas tasas de embarazo no deseado, infecciones de transmisión sexual y VIH/sida, como en el caso de Texas (Human Rights Watch, Ignorance only, septiembre 2002).

Hoy que cada día se infectan de VIH 15 mil personas en el mundo y que en México está por perderse el derecho a la salud con la nueva iniciativa de ley y el seguro impopular; hoy, que ni antibióticos podrá dar gratuitamente el sector salud, ¿qué piensan hacer con los más de mil infectados anuales que se suman a los 30 mil que necesitan medicamentos de alto costo? ¿No sería prioritario dar tratamiento a todas las personas que viven con VIH y detener la epidemia con amplias campañas educativas y distribución gratuita de condones en todos los rincones del país?

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