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Compañías petroleras, gobiernos y desastres

por David W. Fischer   /   publicado en La Voz de Galicia

Siempre es triste para mí ser testigo de otro vertido de petróleo. A pesar de todo, me ha llenado de satisfacción que tanta gente de Galicia parezca ahora preparada para enfrentarse a esta constante amenaza de contaminación por petróleo. Este artículo va dirigido a ellos.

Mi carrera profesional de 37 años transcurre entre el desastre del Torrey Canyon y éste del Prestige. ¿Por qué estos accidentes siguen sucediendo en los lugares más hermosos? Creo que hay tres factores de interrelación: 1) la dependencia de los intereses de las compañías petroleras para mitigar los efectos de los vertidos; 2) la lamentable falta de inversión de los gobiernos (de todos los niveles) en un riguroso desarrollo, aplicación y preparación de planes y normas sobre vertidos de petróleo; 3) el temor de que los usuarios de automóviles se rebelen si se les hace pagar por la protección del medio ambiente.

Cuando comenzaba a trabajar en este sector, representantes de compañías petroleras me dijeron que los accidentes eran una cuestión del pasado, gracias a la superior tecnología y conocimiento actuales. Pero si bien es cierto que el mismo escenario ya no se repite exactamente, estos accidentes siguen sucediendo con efectos cada vez peores a causa del mayor tamaño de los buques y plataformas que operan cada vez en mayor número de lugares limpios.

Es un mito que el propio interés empresarial vaya a servir para prevenir los accidentes; por el contrario, la búsqueda de beneficios y el ahorro de tiempo gobiernan la utilización de los buques, el diseño de rutas y escalas. El doble casco conllevará que haya buques aún mayores para mantener el mismo ratio de beneficio en el transporte de petróleo. Y buques mayores conducen a mayores vertidos. Mientras todo parece favorecer la prevención de los vertidos, estos sucesos todavía ocurren por el intento de extraer hasta el último euro de valor al buque; de hecho, cuanto más viejo el barco y más corta la ruta, mayor es el beneficio. Los barcos nuevos y la tecnología cuestan mucho dinero.

Los gobiernos dependen en un 99% de las empresas petroleras para regular sus propias actuaciones porque también ellos quieren una prevención barata sin inversiones nuevas. Cuesta mucho el alquiler de materiales, la formación y la dotación de equipos de planeamiento y control de las actividades petroleras. Pero contra estos altos costes aparece el aún mayor de la naturaleza destruida, la devastación de las economías locales, la pérdida de modos de vida tradicionales, la desaparición de ingresos por pesca y turismo y de los impuestos que estas actividades generan, y el de una costa contaminada para al menos una década... por no mencionar los gastos de la limpieza y de las indemnizaciones a los afectados. Si España se toma en serio la prevención, tiene una Armada que puede expulsar a los buques petroleros hasta el límite de sus aguas exclusivas. Pero esta práctica debe ser mantenida a diario y permanentemente, lo que hace preciso un alto gasto y voluntad política para ello. Los gobiernos locales han aprendido ahora que van a depender de sí mismos para protegerse de las mareas negras. Los niveles superiores de gobierno deben soportar esos esfuerzos con sus presupuestos, porque el país entero se beneficia del uso del petróleo, mientras los afectados locales sufren los costes.

¿Están preparados los españoles para pagar más por una postura firme de su Gobierno contra el petróleo? Deberán estarlo cuando se den cuenta de que sus impuestos se dedican a pagar la limpieza y las indemnizaciones después de que se destrozara la costa y se perdiera la pesca y el marisqueo.

Los españoles deben exigir más de los gobiernos elegidos para prestarles servicios. Pero debemos recordar que los automovilistas españoles deben deshacerse del aceite usado de sus motores en lugares adecuados, que también cuestan dinero. Los vertidos crónicos de aceites alteran igualmente las costas, aunque de forma menos visible.

Mi esperanza es que España se plantee que debe dejar de ser una víctima de los accidentes petrolíferos. Hay tantos accidentes aguardando su ocasión como buques transitan por las aguas españolas.

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