Gente Alternativa - Excluidos de la cultura - Globalización, Ecología, Derechos Humanos y Sociedad

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Tribuna de Oradores

Excluidos de la cultura

por Roxana Morduchowicz   /   publicado en La Nación

Unicef acaba de editar un libro, Los medios y la infancia , sobre la relación que los niños, en todo el mundo, entablan con los medios de comunicación. Las estadísticas, que corresponden al año 2000, reflejan las desigualdades geográficas que, también en esto, existen entre los continentes.

La primera diferencia se expresa en la inserción de los medios en la sociedad general. Mientras que en Francia circulan 220 diarios por cada mil habitantes, en el Reino Unido 330, en Suecia 445 y en Noruega 590, del otro lado del océano circulan en Haití sólo 2,5, en Brasil 40, en México 97 y en la Argentina 123. Mientras que en Italia hay 49 aparatos de televisión cada cien habitantes, en Francia 60 y en Inglaterra 64, en América Latina hay en Honduras 9 aparatos, en Bolivia 11, en Chile 23 y en la Argentina 29. Mientras que por cada cien habitantes hay 22 computadoras en Francia, 30 en Alemania, 30 en el Reino Unido, 45 en Suecia y otras tantas en Noruega, en América Latina hay una en Paraguay, 2 en Perú, 4 en Venezuela, 4 en Brasil, 5 en la Argentina y 7 en Chile. En Estados Unidos y Canadá, los números son aún mayores que los europeos: hay 80 aparatos de televisión cada cien habitantes y casi 50 personas de cada ciento tienen computadora en su casa.

El acceso de la población general a los medios de comunicación incide directamente sobre el contacto de los chicos con los medios. Mientras un niño en los Estados Unidos suele vivir en un hogar con tres televisores, dos videocaseteras, tres radios, tres grabadores, dos aparatos de CD, un aparato de videojuegos y una computadora, en la India sólo uno de cada tres hogares tiene televisión y nada más que un 50 por ciento tiene radio. Sólo el dos por ciento de los chicos en la India conoce una computadora, sólo un 30 por ciento tiene acceso a la radio y la televisión y la inmensa mayoría (el 65 por ciento) no accede a ningún medio de comunicación.

Esta diferencia de acceso determina que los usos sean también desiguales. Así, en Sudáfrica menos de la mitad de los adolescentes de raza negra había visto televisión la noche anterior a la encuesta, un 9 por ciento había leído un diario "ayer a la mañana" y un 6 por ciento había visto un film en el cine en los últimos cuatro meses. En Suecia, en cambio, el 90 por ciento de los adolescentes había visto televisión el día anterior, el 60 por ciento había leído un diario y casi un 50 por ciento había usado la computadora en su casa "ayer".

Los contenidos también reflejan importantes diferencias. Mientras que en las sociedades más industrializadas los chicos ven programas infantiles de producción local, en las más pobres la casi totalidad de la programación es extranjera. En Suecia, de las 20 emisiones más populares para chicos, 19 son de origen sueco. En Australia, las producciones locales para niños son 13. En la India, ninguna. En muchas regiones la oferta televisiva depende sólo de la producción norteamericana. En los países del Magreb, por ejemplo, el 50 por ciento de los habitantes tiene menos de treinta años. Sin embargo, la programación televisiva para chicos y jóvenes es básicamente europea y norteamericana.

La mayor parte de la producción televisiva para chicos se concentra en Estados Unidos. Hay en todo el país 87 canales que incluyen emisiones infantiles en su programación y cuatro cadenas de cable transmiten veinticuatro horas diarias de programación infantil. En 2001, una de ellas llegaba a 90 millones de hogares en más de 70 países del mundo.

La infancia amenazada
Estas diferencias profundizan no pocas desigualdades. La exclusión que viven los niños respecto de los medios de comunicación forma parte de una exclusión social, en la medida en que priva a muchos del acceso a un conocimiento complejo como el que pide la sociedad actual. Mientras los chicos de los países más ricos interactúan con la cultura desde su propio hogar, los niños de los países más pobres se ven excluidos del nuevo campo laboral y profesional que la sociedad exige.

Todos los chicos tienen que poder ver la televisión, leer un diario, ir al cine, mirar una obra de teatro, comprar un libro, recorrer un museo y navegar por Internet. Acceder a una película, a un recital, a un libro y a una exposición permite que los chicos comiencen a sentirse parte de la sociedad y, sobre todo, que puedan participar en ella como productores culturales.

"La infancia está amenazada", vaticinan no pocos especialistas de tanto en tanto, culpando a los medios audiovisuales: a la programación televisiva, a una película en el cine o a la pantalla de Internet. La frase parece, sin embargo, muy vacía frente a esta realidad. Nada afecta más a la niñez que la privación y la exclusión. Las estadísticas reflejan, por eso, una verdad muy diferente.

La infancia está más amenazada por la exclusión de la cultura que por su exposición a ella.

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