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Los periodistas están bajo fuego por decir la verdad

por Robert Fisk   /   publicado en La Jornada

Primero fue Roger Ailes, presidente del canal de noticias de Fox, quien aconsejó a George W. Bush adoptar "las medidas más duras posibles" contra quienes atacaron a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001.

Olvidemos, por un momento, que el jefe de la oficina de Fox en Jerusalén es Uri Dan, amigo del primer ministro de Israel y autor del prólogo de la nueva edición de la autobiografía de Ariel Sharon, que incluye un repugnante recuento sobre la matanza de Sabra y Chatila, en la que murieron mil 700 palestinos, y la afirmación de que Sharon es inocente de esta carnicería.

Luego, Ted Koppel, uno de los más conocidos comentaristas de la televisión estadunidense, anunció que podría considerarse un deber de los periodistas no revelar ciertos actos hasta que el ejército decida difundirlos, en el contexto de una nueva guerra contra Irak.

¿Acaso se puede ir más lejos en materia de cobardía periodística? Oh, sí. Sí que se puede. La cadena televisiva ABC anunció, hace poco, que sabía todo lo referente al asesinato de cuatro miembros de Al Qaeda, quienes fueron atacados por un avión Predator, sin piloto, en Yemen, pero aun así el noticiario no hizo públicos informes sobre este hecho hasta cuatro días después de ocurrido, "a petición del Pentágono". Al menos ya sabemos para quién trabaja ABC.

El Pentágono afirmó que los hombres ultimados -y no perdamos de vista el detalle de que fueron asesinados, aunque no fue ésa la palabra que usó ABC- estaban "entre el segundo y vigésimo lugar" en la lista de los principales mandos de Al Qaeda. ¿De veras? ¿Qué número eran? ¿Acaso el dos, el tres, el cuatro y el cinco dentro de Al Qaeda? ¿O más bien eran el 17, 18, 19 y 20? ¿A quién le importa? La prensa ya tomó bando. No se pregunten quién está tratando de resistir la censura del gobierno estadunidense en la próxima guerra contra Irak. Pregúntense quién será el primero en subirse a ese tren.

En Canadá la situación es aún peor. La empresa Canwest, propiedad de Israel Asper, posee 130 periódicos canadienses, incluidos 14 diarios locales y uno de los más grandes del país, el National Post. Los "periodistas" de dichos rotativos han atacado a colegas suyos por alejarse ideológicamente de los editoriales de Asper en favor de Israel.

La publicación especializada Indice de Censura señaló que el reportero de investigación del Montreal Gazette, Bill Marsden, ha estado monitoreando la interferencia de Canwest en sus propios diarios. "No quieren absolutamente ninguna crítica hacia Israel", escribió Marsden. "En nuestro periódico no se publica un solo editorial o artículo de opinión en que se critique lo que Israel está haciendo en Medio Oriente".

Pero ahora Izzy Asper ha escrito un cobarde y repulsivo editorial en el Post, en el cual ataca a sus propios reporteros; los tacha de ejercer un periodismo "perezoso, descuidado y estúpido", y de ser "sesgados" o "antisemitas". Estas viles calumnias son bien conocidas por cualquier reportero que trate de trabajar informando sobre Medio Oriente. Estas acusaciones son aún más repugnantes debido a las imprecisiones que contienen.

Por ejemplo, Asper afirmó que mi colega Phil Reeves comparó los asesinatos israelíes en Jenin de abril pasado, mismos que tuvieron buena dosis de crímenes de guerra (como fue aplastar a un hombre que estaba en silla de ruedas), con "los campos de la muerte de Pol Pot". Reeves jamás mencionó a Pol Pot, pero Asper asegura erróneamente que así fue.

Pero aun es peor. Las acusaciones de periodismo "perezoso, descuidado y estúpido" de Asper en realidad se aplican a él mismo, ya que afirma, al hablar de una cena de gala celebrada por Israel Bonds en Montreal, y que fue la base de su absurdo artículo, que "en 1917 Gran Bretaña y la Liga de las Naciones declararon, con la aprobación del mundo entero, que un Estado judío se establecería en Palestina".

Pero espérenme un segundo. La Declaración de Balfour de 1917 no decía que se establecería un Estado judío. Decía que el gobierno británico "vería favorablemente el establecimiento, en Palestina, de una patria nacional para el pueblo judío". Los británicos se negaron a emplear el término "Estado judío".

Puede que esto no sea muy importante para escritores perezosos como Aspen. Pero cuando se habla de la Liga de las Naciones en realidad nos adentramos en la mitología. Fue creada después de la Primera Guerra Mundial, o sea, que de haber existido en 1917 se habría evitado dicha guerra. Por tanto, es simplemente un error (o como diría el propio Asper: es perezoso, descuidado y estúpido) decir que la organización ya existía en 1917.

Desde luego, Asper no menciona en ningún momento la ocupación israelí o la construcción de asentamientos, para judíos y exclusivamente judíos, en tierras árabes. Después habla de "los supuestos refugiados palestinos", aseveración tan necia y perversa como ninguna, para luego afirmar que el corrupto y tonto Yasser Arafat "es uno de los terroristas más crueles y sin escrúpulos que el mundo ha visto en los pasados 30 años".

Asper concluyó este discurso para los simpatizantes de Israel en Montreal con una petición muy peligrosa: "Ustedes, el público, deben actuar contra los malhechores de los medios".

¿"Malhechores"? ¿Está esto lejos de los "malvados" que menciona Bush? ¿Qué demonios está pasando aquí?

Lo voy a explicar. Sucede que los periodistas están siendo atacados por decir la verdad, por tratar de mostrar las cosas como son, especialmente los periodistas estadunidenses, a quienes les recomiendo urgentemente leer un notable libro publicado por la Universidad de Nueva York, editado por John Collins y Ross Glover. Se titula Lenguaje colateral, y, según dice la misma obra, es un intento de demostrar "la tiranía de la retórica política". Los nombres de sus capítulos hablan por sí mismos: "Antrax", "Cobardía", "El mal", "Libertad", "Fundamentalismo", "Justicia", "Terrorismo", "Intereses vitales". Mi favorito es: "La guerra contra... (llene el espacio en blanco)".

Mientras tanto, no teman, los periodistas se están alineando obedientemente para contarnos la historia que el gobierno quiere que escuchemos.

Periodista irlandés especialista en Medio Oriente, corresponsal de The Independent.

Traducción: Gabriela Fonseca

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