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Veinte años para vencer al 'Prestige'

por Vicente Royuela   /   publicado en El Periódico

El alquitrán de la marea negra acaba por desaparecer de la superficie, pero permanece durante mucho tiempo sobre los fondos marinos, y sus comunidades originales tardan en recuperarse.

El desgraciado accidente del Prestige tendrá serios efectos sobre organismos y ecosistemas litorales y marinos y sus funciones. Pero vaya por delante una aclaración. Los hidrocarburos de petróleo que llegan al mar por vertidos accidentales son un 5% del total; vaya, que los accidentes de petroleros suponen anualmente sólo unas 200.000 toneladas de los cerca de cuatro millones que llegan al mar. Los efectos ambientales de un vertido accidental, al ser locales, son importantes, pero las proporciones citadas indican que la contaminación difusa, menos espectacular y más repartida, es mucho más insidiosa.

El crudo de petróleo es una mezcla compleja de compuestos orgánicos, de los que los hidrocarburos representan el 75% del peso. Dichos hidrocarburos tienen moléculas de varios átomos de carbono, dispuestos en cadenas lineales, ramificadas o cíclicas. Los hidrocarburos aromáticos y cíclicos son una fracción importante y son tóxicos para la biota. El fuel pesado del Prestige está compuesto sobre todo de hidrocarburos alifáticos no saturados (olefinas), con menor toxicidad. Otros compuestos contienen azufre, ácidos grasos, fenoles, nitrógeno y metales pesados, de toxicidad también alta.

Una vez en el mar, los hidrocarburos se degradan muy lentamente; excepto las fracciones volátiles, que se evaporan, y las que se diluyen en el agua (las más tóxicas), la mayor parte del petróleo se hunde o se extiende por la superficie del mar, formando la marea negra, arrastrada por corrientes y vientos. Diferentes procesos fisicoquímicos y biológicos intervienen en la dispersión y degradación del crudo de petróleo, o del fuel en este caso, lo que cambia su composición, dispersión, perdurabilidad y efectos sobre los seres vivos.

Los efectos toxicológicos, biológicos y ecológicos de los vertidos de hidrocarburos en el medio marino y litoral empiezan a ser bien conocidos; por desgracia ha habido muchos casos de estudio, de los que se ha hecho el seguimiento científico. Los más informativos han sido los del Torrey Canyon, Amoco Cádiz y Exxon Valdez, como los del Aegean Sea en aguas asimismo gallegas.

Una síntesis de los resultados de tales estudios sería: los efectos a corto plazo son muy graves sobre los organismos bentónicos (que viven sobre los fondos marinos), las aves y los mamíferos; menos sobre el plancton y los peces pelágicos; los organismos absorben las moléculas tóxicas a través del tegumento o con el alimento, y las bioacumulan; a lo largo de las cadenas tróficas las concentraciones de dichas sustancias aumentan (biomagnificación), y sus efectos tóxicos también.

El alquitrán de la marea negra (y el chapapote en que se convierte el fuel) acaba por desaparecer de la superficie del agua, pero permanece mucho tiempo sobre los fondos marinos; las comunidades originales del fondo y del litoral tardan muchos años en recuperarse, quizá más de 20. A largo plazo las especies, incluso las más afectadas (como las aves), se recuperan, excepto si el impacto ha sido tan grave como para eliminar completamente una población o especie que ya tenía problemas. Unos compartimentos ambientales son más afectados que otros, y unos servicios ecosistémicos (funciones ecológicas que el mar nos proporciona), también.

Tuve ocasión de estimar el impacto ambiental del vertido del Aegean Sea sobre la costa y las rías gallegas hace 10 años, y los resultados indicaban que, al año del vertido, la afectación de compartimentos ambientales y funciones ecológicas era la siguiente: las bateas eran funcionales en sólo un 20%; el valor comercial de marisco y pesca era de un 25%, que era, asimismo, la afectación de las comunidades naturales submareales. La capacidad de regeneración de nutrientes era al año de sólo un 26%; la funcionalidad de los parques marisqueros, un 28%.

La capacidad de depuración natural de las aguas se había reducido hasta un 42%; la biodiversidad al 43%; el reclutamiento de nuevos organismos de las poblaciones afectadas era únicamente del 45%. Los caladeros de pesca, aún los alejados, eran funcionales sólo en un 49%; la producción de materia orgánica era el 51% de la previa al vertido. Las comunidades de sedimentos intermareales eran funcionales en un 61%, las de playas en un 76%. Finalmente, el paisaje y las comunidades de roca, las menos afectadas, funcionaban al 80% de su capacidad. No es aventurado indicar que algo parecido ocurrirá con el vertido del Prestige, sobre una extensión mayor de litoral.

Vicente Royuela, Catedrático de Ecología y miembro del Institut d'Estudis Catalans.

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