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El éxodo palestino de Yanun

por Joan Cañete Bayle   /   publicado en El Periódicp

Los 160 habitantes de una aldea han huido del lugar por miedo a los colonos judíos.

Hay éxodos y éxodos. Y el éxodo de las familias palestinas de la aldea de Yanun aún no tiene quien lo convierta en película.

Se trata de una historia muy vieja en la vieja Palestina. Yanun es un pequeño pueblo cercano a Naplusa en el que vivían unas 160 personas dedicadas a la ganadería y a la recolección de aceitunas. La aldea tiene la mala suerte de estar cerca del asentamiento de Itamar. Y, más concretamente, de los denominados outpost, enclaves avanzados de colonos judíos formados por casas prefabricadas y caravanas que nacen con el objetivo de ampliar el asentamiento madre.

El abandono
En Yanun ya no viven 160 personas. Casi todas huyeron en octubre aterrorizadas por el hostigamiento, que ha derivado incluso en asesinato, de los colonos que viven en los enclaves que hay instalados en las dos colinas que dominan el valle donde se encuentra el pueblo. Unos pocos han vuelto, arriesgando su vida para que no se limpiara de palestinos un pueblo entero.

"En Yanun están aplicando el proyecto sionista. Tienen la misma actitud que los colonos de 1948 que ocupan lo que ahora es Israel", explica en un más que correcto castellano un militante de Al Fatah en el cercano pueblo de Aqraba, adonde huyeron la mayoría de los habitantes de Yanun. Dice llamarse Mustafá Beiruti, estudió medicina en Barcelona y coincide con el líder local de Hamas --del que no facilita su nombre-- en que Yanun y Aqraba deben "resistir".

Mohamed Ghasan resiste en Yanun. Tiene 36 años, 8 hijos, y con un explícito gesto --el dedo índice moviéndose en horizontal en su yugular-- explica lo que le dijeron los colonos respecto a hablar con la prensa. Aun así, busca entre su cincuentena de ovejas un par para mostrar las heridas de bala en su lomo.

Pesadillas con los colonos
"Por la noche mis hijos tienen pesadillas con los colonos. Tienen mucho miedo". Su mujer, Manar --34 años, bebé en brazos-- también confiesa que tiene miedo, aunque sobre todo por sus hijos. "Es peligroso que salgan a jugar a la puerta de casa", explica, mientras repasa lo que los colonos han hecho a su familia: matar ovejas, disparar contra ellos y otros recolectores de aceitunas, romperles la tubería que lleva el agua hasta su casa... "No es potable. Ellos tienen agua y electricidad, y nosotros este líquido y un quinqué", dice Mohamed.

La organización de derechos humanos israelí B'Tselem cita en su informe La actitud de las fuerzas del orden en respuesta a los ataques de colonos a recolectores de aceitunas hecho público ayer (http://www.btselem.org) dos casos de violencia colona en Yanun y sus campos de aceitunas. Ghalab Adal Ahmad abu Naser perdió un ojo de una pedrada el 5 de octubre y Hani Hamadalá Mustafá Bani Manya, de 22 años, fue asesinado a tiros un día después.

Ejército inútil
Inútil buscar ayuda en el Ejército. "Nunca vienen. Y sólo defienden a los colonos", dice Mohamed. "Las fuerzas de seguridad no se preparan adecuadamente para evitar los ataques de colonos en los campos de aceitunas ni siquiera cuando éstos son predecibles. No los detienen cuando están presentes y tampoco persiguen a los responsables", acusa B'Tselem.

Los habitantes de Yanun cuentan con la ayuda de los activistas del International Movement Solidarity y de varios grupos pacifistas israelís, cuyos miembros llegaron a vivir en el pueblo para convencer a los palestinos de que regresaran a sus casas y no cedieran al chantaje del miedo. Algunos palestinos vuelven. Otros jamás regresarán.

"Ésta es mi tierra. Nací en esta casa. Siempre he vivido aquí, no tengo a dónde ir. Y ésta es mi patria", justifica Mohamed así su resistencia a unirse al éxodo.

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