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Tribuna de Oradores

Releer a George Orwell

por Molly Ivins   /   publicado en La Jornada

Leer periódicos ya no es algo perturbadoramente reminiscente de todas esas malas novelas que advertían el advenimiento del fascismo en Estados Unidos. No puede ocurrir aquí, de Sinclair Lewis, es un mal libro y su género recoge la paranoia derechista de helicópteros negros, incluido el inolvidablemente pésimo Los diarios de Turner.

Yo no empleo la palabra F (fuck, en inglés); de hecho, durante años me he burlado de los liberales que creen escuchar cómo se aproxima el fascismo rampante a la vuelta de cada esquina. Pero para citar a una verdadera autoridad en la materia: "El fascismo debe ser llamado, más apropiadamente, corporativismo, dado que es la unión del Estado y el poder corporativo", dijo Benito Mussolini.

Paul Krugman citó recientemente al "sumamente apolítico sitio web de Corporate Governance, que declara sin tapujos: 'Dado el poder de los lobbys corporativos, a menudo el control gubernamental es equiparable con un poder corporativo de facto, de una forma u otra". Todo se está poniendo decididamente espeluznante allá afuera.

Pero las noticias actuales que más deben ponernos los pelos de punta son las referentes al programa llamado Total Information Awareness (Conocimiento Total de Información), sistema de espionaje gubernamental por computadora que se está instalando y que será dirigido por nada menos que John Poindexter, quien debe su fama al conflicto Irán-contras.

El Total Information Awareness proveerá a las agencias de inteligencia y de defensa de la ley de un acceso instantáneo a la información: desde cuentas de correo electrónico, registros telefónicos, tarjetas de crédito, transacciones bancarias y registros de viaje, todo sin necesidad de una orden judicial. Esto logrará, según Poindexter, "romper las galeras" que separan las bases de datos comerciales de las gubernamentales. La recién aprobada ley para la seguridad interna contraviene el artículo sobre privacía de 1974, que pretendía limitar lo que las agencias gubernamentales pueden hacer con la información personal.

¿Podemos confiar en que el gobierno empleará esta información exclusivamente en la tarea de rastrear terroristas? Qué cu-rioso que preguntan. El Wall Street Journal reportó esta semana que poco después del 11 de septiembre, la FBI hizo circular entre muchas corporaciones en todo el país nombres de personas a las que se quería interrogar; y repartió la lista entre compañías de renta de automóviles, bancos, agencias de viajes, casinos, transportistas, empresas químicas y plantas energéticas.

"Un año más tarde, esa lista ha cobrado vida propia en múltiples versiones (muchas de ellas llenas de errores) que han pasado de un lado a otro como música pirateada. Algunas compañías cargaron una versión de la lista en sus bases de datos y ahora la usan para averiguar los antecedentes de quienes les solicitan empleo o de sus clientes". La lista incluye a personas que nunca fueron siquiera sospechosas, sólo era gente con la que la FBI quería hablar porque quizá pudieran tener alguna información.

Pero según el Journal, un funcionario de seguridad de un banco venezolano subió la lista a un sitio de web y lo tituló: "sospechosos de terrorismo según una lista difundida por la FBI".

El gran escritor sobre el tema del totalitarismo fue George Orwell, y siempre vale la pena releer 1984. Maldición, si GeeDubya Bush inclusive anunció el otro día que debemos combatir en una guerra "en aras de la paz". Eso no fue vagamente orwelliano; fue un plagio directo.

Durante otra época de miedo rampante, cuando las libertades civiles fueron consideradas un lujo frívolo; durante la fallecida y nada extrañada era McCarthy, la Unión Estadunidense para las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) se acobardó en torno a varios temas fundamentales y, por tanto, tuvo que crearse una Unión de Emergencia para las Libertades Civiles para combatir al macartismo. Esta ACLU, dirigida por Anthony Romero, en estos momentos lucha muy duramente, pero creo que necesitamos una nueva coalición organizada, formada por libertarios civiles y conservadores con principios... verdaderos patriotas que crean en la Constitución.

En estos días, los más estridentes derechistas a veces desdeñan a Barry Goldwater y lo califican como "el conservador favorito de los liberales", y en efecto lo era. Pero en lo profundo de su corazón, usted sabe que Goldwater se sentiría muy molesto con todo esto.

El republicano Dick Armey ya anunció que realizará consultas con la ACLU sobre cuestiones de privacidad (qué bueno por él). El republicano Ron Paul y el columnista Bill Safire están empecinados en estos temas, al igual que otros sujetos a los cuales uno no les creería, como Bob Barr, de Georgia.

Para aquellos que disfrutan la ironía, es cómico en extremo que los liberales sean ahora los nuevos conservadores, pues están exactamente donde solían estar los viejos republicanos con principios: con reservas en cuanto a verse involucrados en guerras extranjeras, con sospechas hacia los enredos con el exterior, hablando de la responsabilidad fiscal y preocupados por las libertades constitucionales.

Personalmente, aún creo que el internacionalismo tiene más sentido que el aislacionismo, debido a los problemas más graves que enfrentaremos en el futuro -el calentamiento global, la sobrepoblación y la escasez de agua- son asuntos que deberán abordarse sobre una base global. Se trata de una lucha ambientalista, lo mismo que por las libertades civiles. Creo que es indiscutible que vivimos en la administración más antiambiental desde los tiempos anteriores a Teddy Roosevelt.

Los corporativistas en esta administración, en particular aquellos en el negocio petrolero, parecen tener grandiosos planes imperialistas para que tengamos combustible barato por tiempo indefinido.

En materia tanto de política exterior como ambiental, tiene mucho más sentido empezar a sentar bases, promover la energía renovable y empezar a ser serios en cuanto a conservar el petróleo. Subsidiamos hasta el cansancio el negocio petrolero con innumerables exenciones fiscales, limbos legales y programas de apoyo. Por amor de Dios, ¿por qué no mejor impulsar la energía renovable? ¿Por qué debemos pedirle a nuestros militares que mueran por petróleo barato cuando al resto de nosotros ni siquiera se nos ha pedido dar un mejor kilometraje?

Columnista nacionalmente sindicada, cuyo trabajo aparece en más de 300 periódicos, autora de tres best sellers sobre la política actual en Estados Unidos.

Copyright 2002 Creators syndicate Inc.
Traducción: Gabriela Fonseca

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