Gente Alternativa - Cuando sólo queda rezar a los vientos - Globalización, Ecología, Derechos Humanos y Sociedad

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Cuando sólo queda rezar a los vientos

por Pere Ortín   /   publicado en La Vanguardia

Elementos tan incontrolables como el viento y las corrientes marinas van a agravar todavía más el desastre provocado por la fuga de fuel del "Prestige" frente a las costas gallegas. Los efectos del naufragio sobre la economía y la vida en Galicia durarán años. Como el perjuicio en el ecosistema marino, en los ciclos de vida, en las playas, los acantilados y en la fauna.

Nemiña es una recóndita y preciosa playa gallega. Para llegar a ella, incluso acompañado de mis amigos locales, hay que "perderse" por las estrechas pistas que se cruzan, como un laberinto en el minifundio, camino del cabo Touriñán. Nemiña es un símbolo de esa especial naturaleza de la costa gallega que era (¿aún es?) uno de los paisajes más valiosos de Europa. Son esos lugares ocultos -alejados del "Galicia Calidade" o del Xacobeo- llenos de vida los que he aprendido a querer después de conocerlos desde dentro en diversas épocas del año. Nemiña está hoy, como otras 140 playas de la costa gallega, tiznada de negro, pero por aquí, como al Mar de Fora o Soestos, hasta anteayer no llegaron ni brigadas de limpieza, ni políticos, ni medios de comunicación.

Hoy, aquí en Nemiña, en cualquier bar, en aquella cafetería de Corcubión, en la recepción del hotel en el que duermo o en la gasolinera en la que hace unas decenas de kilómetros acabo de repostar, los gallegos se muestran, por fin no lo ocultan, muy enfadados con la catástrofe ecológica, otra más, que les ha tocado vivir. Todas las conversaciones son fáciles de resumir en una sencilla lista de palabras: abandono, desilusión, improvisación, incapacidad, descoordinación.

Ni planes ni medios
Galicia está herida ecológica, social y económicamente. Con la catástrofe del petrolero "Prestige" hemos constatado, una vez más, que las administraciones no disponen, en Galicia pero no sólo en Galicia, ni de planes, ni de medios suficientes para afrontar los grandes desastres ecológicos a los que, no lo olvidemos, nos enfrentamos de una u otra manera todos los días. También comprobamos, otra vez más, cómo las autoridades, en Galicia pero no sólo en Galicia, intentan confundirnos, cuando no engañarnos, sobre las causas y consecuencias de este tipo de catástrofes ambientales. ¿Por qué siempre se intentan minimizar los efectos de este tipo de tragedias? ¿Por qué son más interesantes los debates semánticos sobre el concepto marea negra o vertido que el reconocimiento de la verdadera naturaleza de este tipo de problemas ambientales? ¿Por qué nadie parece aceptar las críticas cuando las cosas se hacen tarde, mal y "a la española"? No encuentro mejor respuesta a esta serie de preguntas que la que me proporcionó el periodista Pepe Bejarano el otro día en este mismo diario cuando comparó el desastre actual del "Prestige" con el de hace unos años en la mina de Boliden en Aznalcóllar: "Pasados los primeros momentos -escribía Bejarano- de sorpresa, llega la negación de la realidad, aquí no ha pasado nada, todo está bajo control. Le siguen el caos informativo y la batalla partidista que desemboca en un total descrédito de la política". Bejarano continúa dibujando con trazo fino la situación futura: "Pasarán meses, puede que años, antes de que desaparezcan las consecuencias ambientales, pero pronto la saturación informativa y el tiempo acaban por tender sobre el suceso un manto de olvido".

Mientras, los investigadores, científicos, y especialistas independientes, sólidos, preparados; oceanógrafos, ecólogos marinos, ingenieros navales, expertos en náutica o especialistas en hidrocarburos y lucha contra la contaminación se tiran de los pelos. Vuelven a ser conscientes de que en este país, al contrario de lo que sucede en muchos otros lugares de la Europa ¿Unida?, su opinión vale menos que cero.

Pero el desastre no se acaba en Galicia. Además de las manchas que de una u otra manera acabarán llegando a las costas, otras tomarán, como explica Ricardo Prego, del Instituto de Investigaciones Marinas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en Vigo, "la cinta transportadora de la corriente que va hacia el polo Norte siguiendo la plataforma continental entre 10 y 20 millas de la costa". Así, si los vientos de los próximos días no son muy fuertes, las manchas se desplazarán, como ya se ha empezado a comprobar, hacia Asturias, Euskadi y Francia y todavía más al norte, Bretaña y hasta Noruega. Dependiendo de la meteorología, de los vientos y de las corrientes locales, entrarán en esas zonas costeras alejadas de Galicia. Así, quedamos, nunca mejor dicho, a la deriva y a merced del viento. "Es el principal agente -explica Prego- para mover las manchas viscosas de fuel. En otros accidentes similares se ha comprobado que la contaminación se desplaza a una velocidad de entre un 3 o 4 por ciento de la velocidad que lleve el viento. Un viento de 100 kilómetros por hora mueve las manchas de fuel entre 60, 70 y 80 kilómetros por día."

La llegada de nuevas manchas a las costas gallegas agrava el problema independientemente de si el fuel (muy tóxico, de baja calidad, muy contaminante, peligroso y que contiene un 2,58% más de azufre de lo normal) que aún queda en el "Prestige" se solidificará o no en las profundidades. Independientemente de lo que pueda comprobar a partir de hoy el batiscafo francés "Nautile" en sus inmersiones de gran profundidad y de cuánto costará (tiempo y dinero) limpiar todas las playas, los acantilados y las rías contaminadas o de cuándo podrá volver la normalidad pesquera a la costa gallega. Lo malo, lo peor, lo más desagradable e irritante de toda la situación es que puede volver a repetirse en cualquier momento en Galicia, en la bahía de Algeciras o cerca del puerto de Tarragona.

La contaminación oculta
Es cierto, como han advertido algunos especialistas estos días, que los vertidos más importantes de hidrocarburos en el mar no se producen en estos accidentes catastróficos como el del "Prestige", sino en las operaciones diarias de carga y descarga en los puertos o en la limpieza de las bodegas de estos barcos basura. Es verdad que los vertidos de hidrocarburos al mar en accidentes de petroleros como el "Prestige" sólo suponen un 15 por ciento del total, pero parece claro que, al menos aquí en Galicia, valdría la pena sacar algunas conclusiones de todo lo que ha sucedido en estos últimos años para empezar a evitar que vuelva a suceder.

Muchos gallegos -esta vez no se están cubriendo tanto las espaldas con la duda como casi siempre- se sienten burlados, engañados, frustrados, tristes. He visto como algunos, otra vez, se encomiendan al mar y a los vientos. Hay quien alude al fantasma de la emigración o a la trampa perversa, una vez más, de la subvención de mamá Europa. Otras, siempre ellas, las jefas de Galicia, piden a la Virgen aunque parece que en esta ocasión están más combativas.

Todos colaboran como pueden en limpiar lo que otros han ensuciado, pero no todos han optado por el victimismo. Alberto Prieto, fotógrafo gallego amante del mar y apasionado de su tierra, hijo de capitán retirado de petrolero, habla de la catástrofe con una mezcla precisa de autocrítica y angustia. Se ha pasado los últimos días limpiando las playas menos publicitadas y recogiendo aves llenas de petróleo entre disparo y disparo de foto. "Los gallegos -explica Prieto- nos hemos tirado, como siempre, a llorar y resignarnos, pero ni siquiera nos hemos planteado cuáles son nuestras responsabilidades en este asunto. Durante años hemos masacrado nuestro mar y nuestras costas. Pescas furtivas, salvajes, arrastrando en las playas, mariscando en veda, robando dinero en subvenciones pesqueras de Europa, llenando nuestras playas de mierda con vertidos petroleros, portuarios, industriales, fecales, urbanos, escombros, basura; construyendo paseos marítimos por los que nadie pasea o diques que modifican corrientes, se llevan arenales o se cargan bancos marisqueros enteros." Alberto Prieto, que es muy pesimista sobre la evolución de los acontecimientos, apunta que falta mucha autocrítica en la catástrofe del "Prestige". Sobre todo, no se puede olvidar este aspecto, porque diez años después del accidente del "Mar Egeo" en La Coruña y de sus tremendos efectos destructivos sobre todo en la ría de Ferrol, parece que nadie, ni siquiera los gallegos, han intentado cambiar algunas cosas.

"Sitio distinto"
En Nemiña, como en muchas otras aldeas y parroquias de la costa, estos días, no se sabe hasta cuándo, no habrá pulpo. Aquí, como dos parroquias más allá, la máquina expendedora de tabaco del bar no funciona y el futbolín no tiene bolas. Galicia "sitio distinto". Gentes especiales, paisajes diferentes, playas y acantilados llenos de belleza, de vida, pero que hoy tienen un color distinto, parduzco, negro petróleo, como la falda, las zapatillas de fieltro, el chal, las medias, el pañuelo de la cabeza y el paraguas de una abuela que mira la situación, distante y con los ojos vacíos, como si no entendiera nada.

Galicia: una marea de muerte en la costa con las piedras pintadas de negro, como su futuro. Alberto Prieto, enfadado, reflexiona en voz alta: "Estoy superado. De todas las cosas del mundo que no hubiera querido ver, salvo enfermedades en mi familia, ésta es la peor que puedo imaginar. No me duele limpiar playas o recoger pájaros, lo haría mil años si fuera necesario, me duele pertenecer a un país incapaz de entender, ni siquiera de intentarlo, dónde está su riqueza, su identidad -y odio usar esta palabra-." O sea, esa "identidad" -también me disgusta la palabra- definida por el mar, ese mar que está herido por el viscoso fuel tóxico de un petrolero matriculado en Nassau y que, antes de hundirse, llevaba por nombre "Prestige". ¿Prestigio?

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